EL PODER DE LAS IMÁGENES de David Freedberg
(Comentario de texto de la Introducción y del capítulo 1)

INTRODUCCION:
El texto sobre el cual trata este comentario, se escribe en los años ochenta debido a una gran explosión del interés por parte de críticos y literarios por las imágenes que se alejaban de los cánones estéticos hasta el momento seguidos.
El autor se plantea que si todas las imágenes se realizan para producir reacciones, ¿porqué a unas cuantas se les quita protagonismo e incluso se las hace desaparecer? Investiga sobre el tema y decide comenzar por el análisis de las relaciones que se establecen entre la imagen y el espectador, tanto las manifestaciones exteriores de éste y su conducta con la que reacciona, como en la efectividad con la que ellas influyen en los pensamientos del espectador.
El texto estudia el poder que ejercen las imágenes sobre las personas y cómo dependiendo de la cultura o la educación su reacción es una u otra. Y cuando hablamos de las imágenes por supuesto estamos incluyendo todo tipo de imágenes, no solo las artísticas, sino también aquellas que vemos a diario en la publicidad, medios de comunicación, etc. Ésto se debe a que una pequeña imagen analizada que jamás ha estado en un museo, puede ser igual de importante que una que sí lo haya estado, puede provocar reacciones incluso más poderosas que míticos cuadros del Renacimiento analizados hasta la infinidad. Abarca por supuesto, imágenes figurativas y no figurativas ya que todas las imágenes pueden ejercer poderes independientemente de su condición.
Freedberg soportó duras críticas por parte de sus compañeros de profesión, alegando que sus teorías de que un cuadro o imagen se podían analizar desde un punto de vista que no fuese el profundamente técnico,que no fuese el encerrado en el marco tradicional artístico, eran puro fruto de su imaginación.
Pero él siguió fiel a sus ideales. En sus estudios, echó mano de la psicología, la antropología, y la filosofía para comprender el comportamiento humano. Comienza a trabajar realizando un análisis sobre la respuesta primitiva que el hombre ejerce al ser puesto delante de una imagen. Dichos estudios han sido probados con anterioridad pero vagamente citados en algún libro ya que se creía una reacción, la primera, demasiado tosca o vulgar y evidentemente, lejos del nivel culto al que el arte se había ascendido. Ciertamente, aquí vemos que Freedberg se encuentra frente al mismo problema que Ortega y Gasset en el ensayo de “La deshumanización del arte”. Los dos dan importancia al primer impulso sensitivo que, por otro lado, se ha visto reprimido siempre a causa de la creencia de que expresar aquello no puede ser lo suficientemente culto para ser mostrado o dirigido al arte.
No obstante, hablar, se ha hablado del poder de las imágenes, y a lo largo de toda la historia. Se ha hablado y se han utilizado con fines embaucadores o persuasivos,se han utilizado imágenes para avergonzar, castigar o para convencer al espectador de lo que ellos querían imponiéndose como terreno que más ha explotado esta técnica, el religioso. Muchas de las imágenes religiosas, han probado su propia medicina ya que muchos artistas incluían en dichas imágenes, personajes bíblicos en posturas o actitudes con connotaciones pornográficas implícita o explícitamente, lo que ocurre, que de forma muy sutil ya que todo pasaba por el trillo de la censura. Así, el artista provocaba sin ser visto y si surgía la más mínima duda sobre dichas connotaciones por parte del clero, se refugiaba en palabrería convincente y todo solucionado.
Retomando el tema de los textos que hablaban sobre el poder de las imágenes, diremos que los que se han llegado a escribir se han suprimido de la Historia, por ello no podemos hablar con certeza de los pensamientos de culturas pasadas, pero sí tenemos una idea.
Freedberg comienza a desmigajar el asunto dividiendo las respuestas que obtenía de las personas, no por tipos de imágenes, sino por tipos de respuestas. No producen el mismo tipo de respuesta una efigie funeraria que una imagen pornográfica, desde luego no a una persona con un mínimo de educación, dentro de lo que llamamos la cultura occidental. A día de hoy se siguen encontrando diferencias abismales entre lo culto y lo inculto, lo cultivado y lo popular o peor aún, lo “primitivo” y lo occidental. Pero a lo largo de la historia se ha pasado por alto que muchos de los comportamientos primitivos se dan en el mundo occidental, y que muchos de los comportamientos “occidentales” artísticamente hablando, se suponen, especialmente elevados por su carácter de cultivados, se dan en el mundo “primitivo”, como por ejemplo la conciencia de la crítica hacia una obra.
El mundo entero debe abrir los ojos y analizar las imágenes en lugar de aceptar que algunas de ellas tienen “poderes mágicos” y otras son solamente estéticas.
El objetivo del libro (1) es que el material presentado, suscite un enfoque más crítico de una de las suposiciones más frecuentes e irreflexivas que se hacen sobre el arte: la creencia de que “cuando vemos una obra de arte no permitimos que afloren respuestas que el material de que está hecha o el tema tratado provoquen en nosotros con la mayor prontitud”
_______________________________
(1) Segundo párrafo, página 14
♣
CAPÍTULO PRIMERO: EL PODER DE LAS IMÁGENES
Las personas se excitan al contemplar arte. Las rompen, mutilan, besan y lloran ante ellas emocionadas o iracundas. Dichas respuestas, por lo general, se reprimen en occidente por ser embarazosas, toscas o primitivas, pero reprimirlas no quiere decir que no existan.
Nuestra cultura nos dice que expresarlas nos convierte en personas vulgares y sin civilizar.
(2)“Cuando leemos en un escritor italiano de 1584 que un cuadro
hará que el espectador se quede pasmado cuando vea el asombro pintado ante él, desee a una bella joven por esposa cuando la vea pintada desnuda; se sienta solidario cuando vea la aflicción; sienta apetito cuando vea comer ricos majares; se quede dormido ante la vista de un plácido sueño,; se emocione y encolerice al contemplar una batalla vívidamente descrita, y se agite lleno de odio e ira al ver acciones vergonzosas y deshonestas.”
______________________________
(2) Página 19 último párrafo.
(3)” En la deliciosa novela griega del s.III de Heliodoro
Tras diez años de matrimonio con Hidaspes y sin que nunca hubiéramos tenido un hijo, ocurrió que nos retiramos a descansar una tarde de verano... ocasión en que tu padre tuvo que ver conmigo... y en seguida supe que esperaba un hijo. Todo el tiempo que siguió, hasta el momento del parto, fueron dias sagrados y ofrecimos sacrificios a los dioses en agradecimiento, pues al fin el Rey esperaba un sucesor para su reino. Pero tú naciste blanca, color extraño entre los etíopes. Y y o sabía la razón; pues que , mientras mi esposo me hacía suya, miré con admiración la pintura de Andrómeda desnuda ... y así, al momento, engendré accidentalmente un ser semejante a ella.”
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(3) Página 20 primer párrafo.
Estos textos parecen ser novelescos, o míticos como en el caso de Heliodoro , al igual que textos que sin decirlo, admiten el poder de las imágenes indicando la correcta colocación de las imágenes a lo largo de todos los muros de las viviendas según su fe.
Los escritores Dominici, Paleotti y Molano, en el período posterior al Concilio de Trento, escribieron sobre la admiración y el respeto al tema que ellos tenían.
Las imágenes de las que se hablaba, eran íntimas o educativas, todas son poderosas. Así, a un niño perteneciente a una familia cristiana, debían de mostrársele imágenes tiernas y agradables de la Santa Biblia como la de la Virgen María y el niño jugando con un pajarito, para que creciera aprendiendo lo bello de esa religión. “Manipulaban” o convencían la visión del niño a través de las imágenes para atraerlo a la fe.
Figúrese si las imágenes son poderosas para todas las culturas que la religión islámica por ejemplo, no permite reproducciones visuales de su dios. Creen que la adoración a símbolos u objetos materiales va en contra del monoteísmo.
♣
En la Edad Media, a las imágenes se les atribuían tres funciones:
- La de servir de ejemplo educativo.
- Las de servir de consuelo ante el dolor físico o psíquico.
- La de imponer las normas e infundir temores, así los fieles se hacían más manejables.
Se creía también que la contemplación conduce primero a la imitación y luego a la elevación del espíritu. Tanto era así que entre los siglos XIV y XVII en Italia, se crearon hermandades cristianas para ofrecer consuelo a los condenados a muerte.
Dichos hermanos utilizaban pequeñas tablillas (tavolettas) pintadas por ambas caras con imágenes de la Pasión de Cristo y otros martirios de la Biblia, que mostraban al sentenciado con el fin de que éste se consolase admirando la grandeza con la que los mártires de las imágenes afrontaron la muerte y cómo él debería de afrontarla.
Ciertamente hoy en día se piensa que nada tenía de consolador que en tu lecho de muerte se te mostraran martirios .Psicológicamente es incluso macabro. Pero se utilizaba aunque sirviera a los familiares y demás público, más que a los reos, figúrese que alguien era tan desdichado que ni siquiera poseyó en su muerte un cofrade consolador con tavoletta, cuan sería comentado por el vecindario...
¿Por qué se creía más en las imágenes que en las palabras en esas situaciones? Simplemente por la conciencia social que rodeaba ese hecho, señalando también lo poderoso de la religión cristiana en aquel entonces agregando que por ejemplo, un reo podía tener la indulgencia por parte del papa sólo por besar la tavoletta. Pienso que besar la tavoletta y ser absuelto, era únicamente para los infieles o los condenados por injurias o traición a la fe cristiana. De otra manera no tiene sentido ya que un fiel la besará todas las veces que haga falta sin ser mostrado eso como un acto de arrepentimiento. Lo hará por voluntad propia.
Ante la ejecución del infiel, el cofrade intentará por todos los medios que aunque sea en su último aliento, el infiel se acoja a la religión cristiana para que su alma sea salvada. Mostrará la tavoletta en un intento desesperado de conversión del resistente y si éste mantiene sus ideales e ignora al hermano, estará retando orgulloso al cristianismo.
Lo mismo pasa ante un acto de exorcismo, cuando los seres queridos del exorcizado acuden a la Iglesia en busca de algún cura que muestre un crucifijo al “paciente” y lo riegue de agua bendita. Si esa gente cree fielmente en toda esa parafernalia ( aun hoy), el exorcizado dejará de estarlo, tal es la fuerza de una imagen y de una fe. Pero analizándolo bien, que te muestren una imagen de lo que sea y te echen agua por encima te quite unas convulsiones y actitudes extrañas, es bastante improbable.

Hoy en día, en occidente, esa creencia del poder de las imágenes religiosas tan arraigada, nada tiene que ver con lo que fue. Sin embargo, en la mayoría de los países de Latinoamérica se sigue conservando con bastante fuerza. Por otro lado, hay otra clase de imágenes que vemos más cercanas a nosotros quizá, las que nos convencen tanto o más que en aquella época las tavolettas.
Las imágenes realmente tienen el efecto que se les atribuye dependiendo del contexto educativo y social en el que se encuentran como es lógico. Afecta sobre todo a los más jóvenes por su calidad de ingenuos, y a las personas con poca fortaleza, no solo momentáneamente sino también con efectos que les marcará de por vida.
Pero ¿cómo saber hasta que punto el contexto condiciona la respuesta?
Desde tiempos del Antiguo Testamento, las imágenes han sido atacadas, destruidas y mutiladas por razones políticas y/o teológicas. Por poner un ejemplo actual, los islamistas querían vengarse de EEUU y en lugar de atentar contra el presidente, derribaron un símbolo, una imagen que era seguramente más importante que el mismísimo presidente, las Torres Gemelas. Con ello, a parte de la infinidad de víctimas que hubo, cayó un símbolo poderoso que ha sido repuesto con rapidez. No era importante que allí hubiese miles de oficinas, sino las habrían reconstruido, lo importante fue el símbolo. Otro ejemplo reciente fue la toma de la ciudad de Bagdad y su consecuente derribo de la estatua de Saddam Huseín ( y ahorcamiento del mismo).


Freedberg piensa que es la imagen la que lleva al iconoclasta (destructor de imágenes) a niveles tales de ira como para actuar así, pero yo discrepo de esa idea aportando que no es la imagen sino lo que de ella se dice y lo que ella significa para el iconoclasta y el pueblo defensor o detractor de dicha imagen.
Probablemente para un habitante inculto de un pueblo pequeño del Pirineo español, el derribo de la estatua de Sadam no significó nada, es más, si le hubiesen puesto la escultura en la plaza del pueblo diciéndole que es una imagen del nuevo alcalde, seguramente se sentiría incluso orgulloso de ella.
Es mucho más fuerte en el caso del derribo de símbolos lo que hace a esa imagen un gran símbolo, que la imagen en sí. Por lo general, es por ello que se atacan dichos símbolos y no una imagen de un cisne con un lazo rosa nadando en un lago.(Es lo más cursi que se me ha ocurrido).
Nos hayamos frente a la duda de si cualquiera puede convertirse en salvaje y destrozar imágenes dejando de lado su educación y lo que está intentando reprimir.
Mi respuesta a todo ello es que : Dele a la persona adecuada la imagen adecuada y la besara y arrodillará ante ella o la hará desaparecer. Ya que en el fondo todos conservamos nuestro instinto animal que es común a todos los seres humanos.

La imagen poseerá mayor eficacia cuanto más se parezca a la realidad y más creíble sea la escena representada. Ésto dará lugar a una represión del individuo más o menos aguda dependiendo de la calidad representativa.
La imagen puede dar miedo y rehusamos admitir que un simple cuadro nos causa tal sensación. Al igual que puede ruborizarnos e intentaremos explicar el porqué de ese rubor apoyándonos en explicaciones técnicas sobre la composición, la simbología u otras cosas que nada tengan que ver y se evitará mencionar la parte del cuadro conflictiva.
Éste es el caso de un gran número de cuadros pintados en el norte de Europa e Italia en los siglos XV, XVI, y XVII. En ellos se mostraban abiertamente los genitales del niño Jesús e incluso se ve en algunos a Santa Ana tocándolos.
El espectador al ver la escena, sin reconocerlo abiertamente, dirigirá su mirada a la entrepierna del niño tan provocadoramente mostrada y la sostendrá durante unos segundos, pero curiosamente no podrá contar lo ocurrido con nadie debido al miedo de ser tachado por su sociedad de frívolo o perturbado sexual.
Tal era la represión por la cultura y tal es la represión que sigue viva en la mayoría de las partes del mundo de una forma u otra.
¿Cuales fueron las intenciones reales del artista? Eso nunca lo sabremos. Pudo ser una manera de introducir un guiño a la vida sexual camuflado en una imagen aceptada socialmente, pudo ser también, la representación pura de la infancia sin tapujos ni prejuicios, o simplemente, una reacción provocadora ante una sociedad opresiva. Incluso puede que esos sentimientos sólo los tuviese el primer pintor que realizó un cuadro de este estilo y el resto se limitara a copiar del modelo sin recaer en detalles... ¿Quien sabe?
Esto pasó en dicha época, en dicho lugar, pero no son los únicos ejemplos de “pornografía camuflada”. En el museo del erotismo de París, podemos contemplar antiguas estatuillas chinas o de la época de Luis XIV en Francia, que aparentemente son inocentes y decorativas, y llevan una doble lectura para la intimidad, para proporcionar placer sexual al igual que una fotografía erótica en nuestros tiempos.

La era represiva ha durado ( y dura) mucho tiempo y ésto hace agudizar el ingenio de los artistas.
Varias Venus concebidas por la historia del arte como diosas de la belleza, tenían como función oculta, proporcionar placer sexual al que poseyera la imagen. Sino ¿Por qué iban a ser tan perfectas, adoptar posiciones tan sugerentes y estar ataviadas con tan mínimo o nulo numero de prendas?
Era la más extendida solución para calmar el Deseo que surgía de la soledad masculina hasta la llegada de los medios de reproducción masivos como la fotografía o el vídeo.
La calidad y el número de imágenes ha cambiado vertiginosamente y hemos llegado a un punto en el que lo que menos atrae a los hombres actuales, es una Venus plácidamente recostada y completamente desnuda. Ésto hace pensar en cómo la cultura cambia y con ella, el poder de las imágenes.
Pero también ha influido en esa falta de deseo hacia las Venus ( y otras imágenes por supuesto), el haberlas visto desde la infancia repetidas veces; en revistas, libros o diapositivas. Ocurre que al llegar a ver el cuadro original, tras haberlo visto quinientas veces, éste pierde toda la magia que lo envolvía y lo convierte en un trozo de tela pintado que viste estampado en el bolso de tu prima, enmarcado en tu entidad bancaria y reproducido hasta la infinidad en todo tipo de “souvenirs” a la salida del museo de turno. Esta historia me ocurrió al ver la Tour Eiffel, no sentí nada porque me parecía haberla visto toda la vida en el parque de delante de mi casa. Lo mismo con la Mona Lisa, se supone,por cómo nos la muestran, que debe ser algo digno de culto y admiración, pero si yo jamás he visto nada de dicho cuadro y me lo encuentro en una exposición de pintura de las amas de casa del barrio, seguramente no le prestaría la más mínima atención. Dicho sea de paso que cada elemento que he nombrado en este párrafo posee una historia concreta que respeto fielmente. Al hablar de ellas me refiero a la imagen en sí.
Así es la fuerza que tiene nuestra sociedad diciéndonos que lo mejor es lo que está en los museos. Cómo al entrar en el Palais de Tokyo ( museo de arte moderno en París), la historia que nos han contado sobre él, condiciona nuestro ojo crítico haciendo todo lo allí presente, poco menos que en oro. (Aunque sea lo que estamos viendo, una tela arrugada en el centro de una sala).
Las distintas clases sociales responden de manera diferente aun estando dentro de la misma cultura, y por supuesto las diferentes culturas también. Pero está claro por igual, que hay un común denominador en todos nosotros, lo que nos hace humanos: los síntomas de la cognición y los actos reflejos.
Nelson Goodman, otro escritor, dice :
“La obra de arte se capta tanto con los sentimientos como con los sentidos [...] Y el organismo entrero con toda su sensibilidad y capacidad de respuesta, participa en la interpretación de los símbolos”
(Comentario de texto de la Introducción y del capítulo 1)
INTRODUCCION:
El texto sobre el cual trata este comentario, se escribe en los años ochenta debido a una gran explosión del interés por parte de críticos y literarios por las imágenes que se alejaban de los cánones estéticos hasta el momento seguidos.
El autor se plantea que si todas las imágenes se realizan para producir reacciones, ¿porqué a unas cuantas se les quita protagonismo e incluso se las hace desaparecer? Investiga sobre el tema y decide comenzar por el análisis de las relaciones que se establecen entre la imagen y el espectador, tanto las manifestaciones exteriores de éste y su conducta con la que reacciona, como en la efectividad con la que ellas influyen en los pensamientos del espectador.
El texto estudia el poder que ejercen las imágenes sobre las personas y cómo dependiendo de la cultura o la educación su reacción es una u otra. Y cuando hablamos de las imágenes por supuesto estamos incluyendo todo tipo de imágenes, no solo las artísticas, sino también aquellas que vemos a diario en la publicidad, medios de comunicación, etc. Ésto se debe a que una pequeña imagen analizada que jamás ha estado en un museo, puede ser igual de importante que una que sí lo haya estado, puede provocar reacciones incluso más poderosas que míticos cuadros del Renacimiento analizados hasta la infinidad. Abarca por supuesto, imágenes figurativas y no figurativas ya que todas las imágenes pueden ejercer poderes independientemente de su condición.
Freedberg soportó duras críticas por parte de sus compañeros de profesión, alegando que sus teorías de que un cuadro o imagen se podían analizar desde un punto de vista que no fuese el profundamente técnico,que no fuese el encerrado en el marco tradicional artístico, eran puro fruto de su imaginación.
Pero él siguió fiel a sus ideales. En sus estudios, echó mano de la psicología, la antropología, y la filosofía para comprender el comportamiento humano. Comienza a trabajar realizando un análisis sobre la respuesta primitiva que el hombre ejerce al ser puesto delante de una imagen. Dichos estudios han sido probados con anterioridad pero vagamente citados en algún libro ya que se creía una reacción, la primera, demasiado tosca o vulgar y evidentemente, lejos del nivel culto al que el arte se había ascendido. Ciertamente, aquí vemos que Freedberg se encuentra frente al mismo problema que Ortega y Gasset en el ensayo de “La deshumanización del arte”. Los dos dan importancia al primer impulso sensitivo que, por otro lado, se ha visto reprimido siempre a causa de la creencia de que expresar aquello no puede ser lo suficientemente culto para ser mostrado o dirigido al arte.
No obstante, hablar, se ha hablado del poder de las imágenes, y a lo largo de toda la historia. Se ha hablado y se han utilizado con fines embaucadores o persuasivos,se han utilizado imágenes para avergonzar, castigar o para convencer al espectador de lo que ellos querían imponiéndose como terreno que más ha explotado esta técnica, el religioso. Muchas de las imágenes religiosas, han probado su propia medicina ya que muchos artistas incluían en dichas imágenes, personajes bíblicos en posturas o actitudes con connotaciones pornográficas implícita o explícitamente, lo que ocurre, que de forma muy sutil ya que todo pasaba por el trillo de la censura. Así, el artista provocaba sin ser visto y si surgía la más mínima duda sobre dichas connotaciones por parte del clero, se refugiaba en palabrería convincente y todo solucionado.
Retomando el tema de los textos que hablaban sobre el poder de las imágenes, diremos que los que se han llegado a escribir se han suprimido de la Historia, por ello no podemos hablar con certeza de los pensamientos de culturas pasadas, pero sí tenemos una idea.
Freedberg comienza a desmigajar el asunto dividiendo las respuestas que obtenía de las personas, no por tipos de imágenes, sino por tipos de respuestas. No producen el mismo tipo de respuesta una efigie funeraria que una imagen pornográfica, desde luego no a una persona con un mínimo de educación, dentro de lo que llamamos la cultura occidental. A día de hoy se siguen encontrando diferencias abismales entre lo culto y lo inculto, lo cultivado y lo popular o peor aún, lo “primitivo” y lo occidental. Pero a lo largo de la historia se ha pasado por alto que muchos de los comportamientos primitivos se dan en el mundo occidental, y que muchos de los comportamientos “occidentales” artísticamente hablando, se suponen, especialmente elevados por su carácter de cultivados, se dan en el mundo “primitivo”, como por ejemplo la conciencia de la crítica hacia una obra.
El mundo entero debe abrir los ojos y analizar las imágenes en lugar de aceptar que algunas de ellas tienen “poderes mágicos” y otras son solamente estéticas.
El objetivo del libro (1) es que el material presentado, suscite un enfoque más crítico de una de las suposiciones más frecuentes e irreflexivas que se hacen sobre el arte: la creencia de que “cuando vemos una obra de arte no permitimos que afloren respuestas que el material de que está hecha o el tema tratado provoquen en nosotros con la mayor prontitud”
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(1) Segundo párrafo, página 14
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CAPÍTULO PRIMERO: EL PODER DE LAS IMÁGENES
Las personas se excitan al contemplar arte. Las rompen, mutilan, besan y lloran ante ellas emocionadas o iracundas. Dichas respuestas, por lo general, se reprimen en occidente por ser embarazosas, toscas o primitivas, pero reprimirlas no quiere decir que no existan.
Nuestra cultura nos dice que expresarlas nos convierte en personas vulgares y sin civilizar.
(2)“Cuando leemos en un escritor italiano de 1584 que un cuadro
hará que el espectador se quede pasmado cuando vea el asombro pintado ante él, desee a una bella joven por esposa cuando la vea pintada desnuda; se sienta solidario cuando vea la aflicción; sienta apetito cuando vea comer ricos majares; se quede dormido ante la vista de un plácido sueño,; se emocione y encolerice al contemplar una batalla vívidamente descrita, y se agite lleno de odio e ira al ver acciones vergonzosas y deshonestas.”
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(2) Página 19 último párrafo.
(3)” En la deliciosa novela griega del s.III de Heliodoro
Tras diez años de matrimonio con Hidaspes y sin que nunca hubiéramos tenido un hijo, ocurrió que nos retiramos a descansar una tarde de verano... ocasión en que tu padre tuvo que ver conmigo... y en seguida supe que esperaba un hijo. Todo el tiempo que siguió, hasta el momento del parto, fueron dias sagrados y ofrecimos sacrificios a los dioses en agradecimiento, pues al fin el Rey esperaba un sucesor para su reino. Pero tú naciste blanca, color extraño entre los etíopes. Y y o sabía la razón; pues que , mientras mi esposo me hacía suya, miré con admiración la pintura de Andrómeda desnuda ... y así, al momento, engendré accidentalmente un ser semejante a ella.”
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(3) Página 20 primer párrafo.
Estos textos parecen ser novelescos, o míticos como en el caso de Heliodoro , al igual que textos que sin decirlo, admiten el poder de las imágenes indicando la correcta colocación de las imágenes a lo largo de todos los muros de las viviendas según su fe.
Los escritores Dominici, Paleotti y Molano, en el período posterior al Concilio de Trento, escribieron sobre la admiración y el respeto al tema que ellos tenían.
Las imágenes de las que se hablaba, eran íntimas o educativas, todas son poderosas. Así, a un niño perteneciente a una familia cristiana, debían de mostrársele imágenes tiernas y agradables de la Santa Biblia como la de la Virgen María y el niño jugando con un pajarito, para que creciera aprendiendo lo bello de esa religión. “Manipulaban” o convencían la visión del niño a través de las imágenes para atraerlo a la fe.
Figúrese si las imágenes son poderosas para todas las culturas que la religión islámica por ejemplo, no permite reproducciones visuales de su dios. Creen que la adoración a símbolos u objetos materiales va en contra del monoteísmo.
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En la Edad Media, a las imágenes se les atribuían tres funciones:
- La de servir de ejemplo educativo.
- Las de servir de consuelo ante el dolor físico o psíquico.
- La de imponer las normas e infundir temores, así los fieles se hacían más manejables.
Se creía también que la contemplación conduce primero a la imitación y luego a la elevación del espíritu. Tanto era así que entre los siglos XIV y XVII en Italia, se crearon hermandades cristianas para ofrecer consuelo a los condenados a muerte.
Dichos hermanos utilizaban pequeñas tablillas (tavolettas) pintadas por ambas caras con imágenes de la Pasión de Cristo y otros martirios de la Biblia, que mostraban al sentenciado con el fin de que éste se consolase admirando la grandeza con la que los mártires de las imágenes afrontaron la muerte y cómo él debería de afrontarla.
Ciertamente hoy en día se piensa que nada tenía de consolador que en tu lecho de muerte se te mostraran martirios .Psicológicamente es incluso macabro. Pero se utilizaba aunque sirviera a los familiares y demás público, más que a los reos, figúrese que alguien era tan desdichado que ni siquiera poseyó en su muerte un cofrade consolador con tavoletta, cuan sería comentado por el vecindario...
¿Por qué se creía más en las imágenes que en las palabras en esas situaciones? Simplemente por la conciencia social que rodeaba ese hecho, señalando también lo poderoso de la religión cristiana en aquel entonces agregando que por ejemplo, un reo podía tener la indulgencia por parte del papa sólo por besar la tavoletta. Pienso que besar la tavoletta y ser absuelto, era únicamente para los infieles o los condenados por injurias o traición a la fe cristiana. De otra manera no tiene sentido ya que un fiel la besará todas las veces que haga falta sin ser mostrado eso como un acto de arrepentimiento. Lo hará por voluntad propia.
Ante la ejecución del infiel, el cofrade intentará por todos los medios que aunque sea en su último aliento, el infiel se acoja a la religión cristiana para que su alma sea salvada. Mostrará la tavoletta en un intento desesperado de conversión del resistente y si éste mantiene sus ideales e ignora al hermano, estará retando orgulloso al cristianismo.
Lo mismo pasa ante un acto de exorcismo, cuando los seres queridos del exorcizado acuden a la Iglesia en busca de algún cura que muestre un crucifijo al “paciente” y lo riegue de agua bendita. Si esa gente cree fielmente en toda esa parafernalia ( aun hoy), el exorcizado dejará de estarlo, tal es la fuerza de una imagen y de una fe. Pero analizándolo bien, que te muestren una imagen de lo que sea y te echen agua por encima te quite unas convulsiones y actitudes extrañas, es bastante improbable.

Hoy en día, en occidente, esa creencia del poder de las imágenes religiosas tan arraigada, nada tiene que ver con lo que fue. Sin embargo, en la mayoría de los países de Latinoamérica se sigue conservando con bastante fuerza. Por otro lado, hay otra clase de imágenes que vemos más cercanas a nosotros quizá, las que nos convencen tanto o más que en aquella época las tavolettas.
Las imágenes realmente tienen el efecto que se les atribuye dependiendo del contexto educativo y social en el que se encuentran como es lógico. Afecta sobre todo a los más jóvenes por su calidad de ingenuos, y a las personas con poca fortaleza, no solo momentáneamente sino también con efectos que les marcará de por vida.
Pero ¿cómo saber hasta que punto el contexto condiciona la respuesta?
Desde tiempos del Antiguo Testamento, las imágenes han sido atacadas, destruidas y mutiladas por razones políticas y/o teológicas. Por poner un ejemplo actual, los islamistas querían vengarse de EEUU y en lugar de atentar contra el presidente, derribaron un símbolo, una imagen que era seguramente más importante que el mismísimo presidente, las Torres Gemelas. Con ello, a parte de la infinidad de víctimas que hubo, cayó un símbolo poderoso que ha sido repuesto con rapidez. No era importante que allí hubiese miles de oficinas, sino las habrían reconstruido, lo importante fue el símbolo. Otro ejemplo reciente fue la toma de la ciudad de Bagdad y su consecuente derribo de la estatua de Saddam Huseín ( y ahorcamiento del mismo).


Freedberg piensa que es la imagen la que lleva al iconoclasta (destructor de imágenes) a niveles tales de ira como para actuar así, pero yo discrepo de esa idea aportando que no es la imagen sino lo que de ella se dice y lo que ella significa para el iconoclasta y el pueblo defensor o detractor de dicha imagen.
Probablemente para un habitante inculto de un pueblo pequeño del Pirineo español, el derribo de la estatua de Sadam no significó nada, es más, si le hubiesen puesto la escultura en la plaza del pueblo diciéndole que es una imagen del nuevo alcalde, seguramente se sentiría incluso orgulloso de ella.
Es mucho más fuerte en el caso del derribo de símbolos lo que hace a esa imagen un gran símbolo, que la imagen en sí. Por lo general, es por ello que se atacan dichos símbolos y no una imagen de un cisne con un lazo rosa nadando en un lago.(Es lo más cursi que se me ha ocurrido).
Nos hayamos frente a la duda de si cualquiera puede convertirse en salvaje y destrozar imágenes dejando de lado su educación y lo que está intentando reprimir.
Mi respuesta a todo ello es que : Dele a la persona adecuada la imagen adecuada y la besara y arrodillará ante ella o la hará desaparecer. Ya que en el fondo todos conservamos nuestro instinto animal que es común a todos los seres humanos.

La imagen poseerá mayor eficacia cuanto más se parezca a la realidad y más creíble sea la escena representada. Ésto dará lugar a una represión del individuo más o menos aguda dependiendo de la calidad representativa.
La imagen puede dar miedo y rehusamos admitir que un simple cuadro nos causa tal sensación. Al igual que puede ruborizarnos e intentaremos explicar el porqué de ese rubor apoyándonos en explicaciones técnicas sobre la composición, la simbología u otras cosas que nada tengan que ver y se evitará mencionar la parte del cuadro conflictiva.
Éste es el caso de un gran número de cuadros pintados en el norte de Europa e Italia en los siglos XV, XVI, y XVII. En ellos se mostraban abiertamente los genitales del niño Jesús e incluso se ve en algunos a Santa Ana tocándolos.
El espectador al ver la escena, sin reconocerlo abiertamente, dirigirá su mirada a la entrepierna del niño tan provocadoramente mostrada y la sostendrá durante unos segundos, pero curiosamente no podrá contar lo ocurrido con nadie debido al miedo de ser tachado por su sociedad de frívolo o perturbado sexual.
Tal era la represión por la cultura y tal es la represión que sigue viva en la mayoría de las partes del mundo de una forma u otra.
¿Cuales fueron las intenciones reales del artista? Eso nunca lo sabremos. Pudo ser una manera de introducir un guiño a la vida sexual camuflado en una imagen aceptada socialmente, pudo ser también, la representación pura de la infancia sin tapujos ni prejuicios, o simplemente, una reacción provocadora ante una sociedad opresiva. Incluso puede que esos sentimientos sólo los tuviese el primer pintor que realizó un cuadro de este estilo y el resto se limitara a copiar del modelo sin recaer en detalles... ¿Quien sabe?
Esto pasó en dicha época, en dicho lugar, pero no son los únicos ejemplos de “pornografía camuflada”. En el museo del erotismo de París, podemos contemplar antiguas estatuillas chinas o de la época de Luis XIV en Francia, que aparentemente son inocentes y decorativas, y llevan una doble lectura para la intimidad, para proporcionar placer sexual al igual que una fotografía erótica en nuestros tiempos.

La era represiva ha durado ( y dura) mucho tiempo y ésto hace agudizar el ingenio de los artistas.
Varias Venus concebidas por la historia del arte como diosas de la belleza, tenían como función oculta, proporcionar placer sexual al que poseyera la imagen. Sino ¿Por qué iban a ser tan perfectas, adoptar posiciones tan sugerentes y estar ataviadas con tan mínimo o nulo numero de prendas?
Era la más extendida solución para calmar el Deseo que surgía de la soledad masculina hasta la llegada de los medios de reproducción masivos como la fotografía o el vídeo.
La calidad y el número de imágenes ha cambiado vertiginosamente y hemos llegado a un punto en el que lo que menos atrae a los hombres actuales, es una Venus plácidamente recostada y completamente desnuda. Ésto hace pensar en cómo la cultura cambia y con ella, el poder de las imágenes.
Pero también ha influido en esa falta de deseo hacia las Venus ( y otras imágenes por supuesto), el haberlas visto desde la infancia repetidas veces; en revistas, libros o diapositivas. Ocurre que al llegar a ver el cuadro original, tras haberlo visto quinientas veces, éste pierde toda la magia que lo envolvía y lo convierte en un trozo de tela pintado que viste estampado en el bolso de tu prima, enmarcado en tu entidad bancaria y reproducido hasta la infinidad en todo tipo de “souvenirs” a la salida del museo de turno. Esta historia me ocurrió al ver la Tour Eiffel, no sentí nada porque me parecía haberla visto toda la vida en el parque de delante de mi casa. Lo mismo con la Mona Lisa, se supone,por cómo nos la muestran, que debe ser algo digno de culto y admiración, pero si yo jamás he visto nada de dicho cuadro y me lo encuentro en una exposición de pintura de las amas de casa del barrio, seguramente no le prestaría la más mínima atención. Dicho sea de paso que cada elemento que he nombrado en este párrafo posee una historia concreta que respeto fielmente. Al hablar de ellas me refiero a la imagen en sí.
Así es la fuerza que tiene nuestra sociedad diciéndonos que lo mejor es lo que está en los museos. Cómo al entrar en el Palais de Tokyo ( museo de arte moderno en París), la historia que nos han contado sobre él, condiciona nuestro ojo crítico haciendo todo lo allí presente, poco menos que en oro. (Aunque sea lo que estamos viendo, una tela arrugada en el centro de una sala).
Las distintas clases sociales responden de manera diferente aun estando dentro de la misma cultura, y por supuesto las diferentes culturas también. Pero está claro por igual, que hay un común denominador en todos nosotros, lo que nos hace humanos: los síntomas de la cognición y los actos reflejos.
Nelson Goodman, otro escritor, dice :
“La obra de arte se capta tanto con los sentimientos como con los sentidos [...] Y el organismo entrero con toda su sensibilidad y capacidad de respuesta, participa en la interpretación de los símbolos”
MANERAS DE HACER MUNDOS De Nelson Goodman
(Comentario de texto de la Introducción y del capítulo 4)
INTRODUCCION:
Debido a mi incultura y mi falta de capacidad para asimilar nuevos datos, el texto de Goodman ha sido especialmente duro para mí. Éste por su parte es espeso y en mi opinión está mal traducido lo que dificulta todavía más mi comprensión. Es posible que a causa de todo ello, mi comentario pueda resultar incoherente en algunas ocasiones pero voy a intentar evitarlo.
El autor mismo reconoce que la línea que sigue el libro no es uniforme y que en ocasiones se plantea cuestiones que no resuelve o las deja apartadas un rato, y en otras ocasiones avanza rapidísimo sin mirar atrás. Verdaderamente Goodman da más importancia al camino que lleva a la respuesta que la respuesta misma, forma interesante de actuar que yo misma intento aplicar en el día a día.
Pienso que el tema que trata el capítulo cuarto es relativamente sencillo y el autor lo ha complicado demasiado poniendo como base de su teoría, la relación entre lo externo y lo interno de la obra de arte, lo formalista y lo purista y lo simbólico... Parece que quiera separar la clara y la yema de un huevo, cosa que es muy difícil y que el resultado siempre es frustrante porque siempre queda parte de uno en el otro...
De todas formas analicemos el texto.
Se nota que este autor es ducho en la sabiduría de la filosofía moderna y eso ayuda a la hora de realizar divagaciones, aunque por otro lado, es lo que lo lleva a escribir de forma tan rebuscada.
Describe su libro como un texto perteneciente a “ esa corriente fundamental de la filosofía moderna que se inició cuando Kant sustituyó la estructura del mundo por la estructura del espíritu humano y que continuó cuando C.I. Lewis sustituyó esa última por la estructura de los conceptos por la de los diversos sistemas simbólicos de las ciencias, la filosofía, las artes, la percepción o el discurso cotidiano.”
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CAPÍTULO CUARTO: ¿CUÁNDO HAY ARTE?
En numerosas ocasiones en filosofía tras haber formulado una pregunta y no encontrar respuesta, se da por hecho que lo que está mal es la pregunta, que ésta no es la adecuada. Y eso es lo que pasa con la pregunta ¿Qué es el arte?, que siempre la formulamos igual y nunca llegamos a una conclusión.
Comenzaremos diciendo que en la obra de arte se pueden diferenciar dos partes: los símbolos y los aspectos formales. Y el desarrollo de esta teoría debe estar bien formulada ya que interesa enormemente a artistas y críticos de arte el aprender a aislar estos dos elementos para conseguir hacer arte puro, arte sin símbolos.
Dado que hay una diferencia importante entre las cualidades internas y las externas del cuadro y si es cierto que ambas claves forman las cualidades totales de la obra, diremos que son las exteriores las que relacionan a éstas con otros objetos y que un trabajo no representativo sólo tendrá por tanto cualidades internas, puras.
Pero hay cualidades que no son ni externas ni internas, no solo por excluir el factor de la representación o el de la expresión obtendremos algo libre de las calidades externas. Todo es relativo. Una muestra ejemplifica sólo algunas cualidades y éstas con las que esa muestra mantiene una relación tal de ejemplificación, varían según las circunstancias.
Aunque en lineas generales las cualidades intrínsecas sean las formales: el color, la forma, el material, el tamaño... y las extrínsecas, los significados que se les da a esas formas determinadas de colocar la pintura en el lienzo.
Los símbolos en una obra de arte son las partes de la obra de las que se puede prescindir, que bien realzan dicha imagen o distraen de ella. Pero es muy difícil encontrar esos símbolos ya que todo trabajo que consista en una representación de algo, es un símbolo; y una obra por muy libre que esté de representación ( pongamos un cuadro abstracto) y de expresión, sigue siendo un símbolo, aunque aquello que simbolice no sean cosas, personas o sentimientos, sino ciertas formas de color, textura o de forma que esa obra manifiesta.
Diremos por ejemplo que el arte sin símbolos es aquel que carece de temática. Imágenes como por ejemplo los motivos de un tapiz, no representan nada pero tienen carácter representativo y por ello no son puras
Tampoco si una imagen representa o simboliza algo es su culpa, ya que lo que una imagen simboliza le es externo a ella. Por ejemplo, una bandera, nada tiene que ver el significado que se le otorga de representar un país, con la imagen en sí, con su significado estético.
La imagen simboliza lo que es en sí misma, es lo que es y no lo que simboliza.
Aquello que representa una obra, los símbolos, le son externos y extrínsecos, excepto en algunos pocos casos.
El arte puro prescinde de todo tipo de referencia externa y tiene la sólida fuerza como para dejar de crear interpretaciones y comentarios, y sus cualidades son aquellas que la obra manifiesta, selecciona, enfoca, exhibe, realza en nuestra conciencia, aquellas que pone en primer plano; en resumen, aquellas cualidades que no sólo posee, sino que también ejemplifica, de las que ella misma es muestra.
La persona purista rechazará tanto los trabajos abstractos expresionistas como las obras de representación y eso sólo porque la expresión es una manera de simbolizar algo que está fuera de la pintura, pintura que nada siente o piensa por sí misma.
Para que una obra sea arte “puro” (arte sin símbolos), no debe ni representar, ni expresar, ni ser tampoco representativo o expresivo.
Si aceptamos como válida la doctrina purista, estaremos admitiendo que el contenido de “El jardín de las delicias” de El Bosco, carece de importancia y habría que obviarlo.
Sin embargo, si rechazamos la propuesta purista, diremos que lo que importa no es sólo lo que una obra de arte es, sino todo un conjunto de cosas que la obra no es.
Por tanto lo mejor será considerar que la propuesta purista es totalmente acertada y totalmente errónea.
Lo explicaré:
Si tomamos que la teoría es totalmente acertada diremos:
- Que lo externo es externo.
- Que lo que una obra representa, suele carecer de importancia.
- Que la representación y la expresión no son requisitos de una obra de arte y debemos acentuar la importancia de las cualidades llamadas intrínsecas, internas, o formales.
Si tomamos que la teoría es totalmente errónea diremos:
- Que la representación y la expresión son las únicas funciones simbólicas que puede realizar la pintura.
- Que lo que un símbolo simboliza está siempre fuera de él.
- Que lo que importa en una pintura es la mera posesión de determinadas propiedades y no su ejemplificación.
Este acento sobre la no transparencia de una obra de arte, sobre la primacía de la obra sobre aquello a lo que ella misma refiere, no implica la negación o la desconsideración de las funciones simbólicas, sino que se deriva de ciertas características de una obra en tanto símbolo.
Con todas estas ideas, llegamos a la conclusión de que la más pura de las pinturas puristas tendrá carácter simbolista. Ejemplificará algunas de sus cualidades y ejemplificar es simbolizar.
Si alguien busca un arte sin símbolos no lo hallará si se toman en consideración todas las formas posibles que una obra simboliza. Podemos hallar arte carente de representación, de expresión o de ejemplificación, pero no encontraremos arte sin ninguna de estas tres cualidades. Por tanto podemos decir que arte puro puro, no existe.
Lo que puede ser más importante es que el reconocimiento de que hasta la más purista de las obras puristas tiene función simbólica, nos suministra una clave para resolver el problema de cuándo tenemos y cuándo no tenemos una obra de arte.
Si una piedra de la carretera se pone en un museo encima de una peana, se cubre con una urna de cristal y se la trata como arte, se convertirá en arte. Entonces cabe cuestionarse que si todas las piedras de la carretera, todos los objetos y todos los acontecimientos son obras de arte.
A eso responderé que no. Aparte de que lo que prima en el arte conceptual (en el cual incluimos la piedra) es la idea primera y que si se repite o plagia pierde toda esencia, todo tiene su momento.
Lo que no es arte ( por evidencia general), puede funcionar o ser considerado como tan en determinados momentos. Por ejemplo “Fontaine” de Duchamp, es un simple urinario que no tiene ni siquiera valor artesanal, en él es importante la idea y que es considerado como arte aunque no fue construida para esa función. Debemos aceptar que una cosa puede actuar de obra de arte en un momento dado y en otro no. Antes de ser “Fontaine”, fue urinario...
En la carretera, la piedra no suele actuar como objeto simbólico, mientras que en el museo ejemplifica algunas de sus cualidades, como pueden ser la forma, el color o la textura. Y por el contrario, un cuadro de Renoir puede dejar de funcionar como obra de arte cuando se emplea para sustituir una ventana rota o cuando se usa como una manta.
Un objeto se convierte en obra de arte sólo cuando funciona como un símbolo de una manera determinada.
Pero funcionar como un símbolo no es siempre funcionar como una obra de arte. Las cosas operan como obras de arte sólo cuando su funcionamiento simbólico tiene determinadas características.
Y ¿Cuáles son estas determinadas características? Bien, no es fácil contestar a ésto, hemos de ser precavidos... Digamos que lo estético tiene cinco síntomas aunque nunca esto sea una verdad absoluta. Pues bien, estas cinco serían:
La densidad sintáctica; según la cual la más mínima diferencia en ciertos aspectos puede constituir una diferencia entre símbolos. La densidad semántica; según la cual se le suministran símbolos a aquellas cosas que se diferencian de acuerdo a las más mínimas diferencias en los ciertos aspectos.
La plenitud relativa; según la cual son significativos y pertinentes bastantes aspectos de un símbolo, como en un dibujo realizado con un sólo trazo de Hokusai donde es importante cada rasgo de la forma, el grosor de la línea... la misma línea en una gráfica que mida la evolución económica en una empresa, expresará cosas distintas como por ejemplo la distancia de ella respecto con la abcisa. Tienen las mismas cualidades pero la visión de éstas depende de contextos diferentes.
La ejemplificación; según la cual, un símbolo posea o no denotación, simboliza en la medida en que funciona como una muestra de las propiedades que posee literal o metamórficamente.
Y la última de las cualidades de lo estético, la referencia múltiple y compleja según la cual un símbolo ejerce diversas funciones referenciales que están integradas entre sí interactuando algunas de las cuales son directas y otras están mediadas por símbolos.
Entonces ¿cuándo hay arte? Dependerá de la función simbólica, lo que está bastante lejano de la idea des que se esfuerza en especificar las características diferenciales de lo estético con respecto a lo simbólico. Un objeto es arte cuando funciona como tal.
Y cito textualmente del texto de Goodman:
“Un objeto puede simbolizar cosas diferentes en momentos distinto puede, también, no simbolizar nada en otras circunstancias. Puede que un objeto inerte o meramente utilitario llegue a funcionar como obra de arte y, viceversa, una obra de arte puede llegar a funcionar como un objeto inerte y meramente utilitario.” pág.102








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