miércoles, 25 de marzo de 2009

Arte no es sólo pintura. Texto aplicable al arte en general.

Un violinista en el metro

> Tomado de El Club de la Efectividad

Un hombre se sentó en una estación del metro en
Washington y comenzó a tocar el violín, en una fría
mañana de enero. Durante los siguientes 45 minutos,
interpretó seis obras de Bach. Durante el mismo tiempo, se
calcula que pasaron por esa estación algo más de mil
personas, casi todas camino a sus trabajos. Transcurrieron
tres minutos hasta que alguien se detuvo ante el músico. Un
hombre de mediana edad alteró por un segundo su paso y
advirtió que había una persona tocando música.Un minuto
más tarde, el violinista recibió su primera donación: una
mujer arrojó un dólar en la lata y continuó su marcha.
Algunos minutos más tarde, alguien se apoyó contra la
pared a escuchar, pero enseguida miró su reloj y retomó su
camino.
Quien más atención prestó fue un niño de 3 años. Su
madre tiraba del brazo, apurada, pero el niño se plantó
ante el músico. Cuando su madre logró arrancarlo del
lugar, el niño continuó volteando su cabeza para mirar al
artista. Esto se repitió con otros niños. Todos los
padres, sin excepción, los forzaron a seguir la marcha.En
los tres cuartos de hora que el músico tocó, sólo siete
personas se detuvieron y otras veinte dieron dinero, sin
interrumpir su camino. El violinista recaudó 32 dólares.
Cuando terminó de tocar y se hizo silencio, nadie pareció
advertirlo. No hubo aplausos, ni reconocimientos. Nadie lo
sabía, pero ese violinista era Joshua Bell, uno de los
mejores músicos del mundo, tocando las obras más complejas
que se escribieron alguna vez, en un violín tasado en 3.5
millones de dólares. Dos días antes de su actuación en el
metro, Bell colmó un teatro en Boston, conlocalidades que
promediaban los 100 dólares.Esta es una historia real. La
actuación de Joshua Bell de incógnito en el metro fue
organizada por el diario The Washington Post como parte de
un experimento social sobre la percepción, el gusto y las
prioridades de las personas.
La consigna era: en un ambiente banal y a una hora
inconveniente,

¿percibimos la belleza? ¿Nos detenemos a
apreciarla?¿Reconocemos el talento en un contexto
inesperado?Una de las conclusiones de esta experiencia,
podría ser la siguiente: Si no tenemos un instante para
detenernos a escuchar a uno de los mejores músicos
interpretar la mejor música escrita, ¿qué otras cosas nos
estaremos perdiendo?

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